jueves, 10 de abril de 2008

Sombras de un día de lluvia

Al otro lado del cristal cae la lluvia sin enterarse de nada. Caen gotas en el suelo que ni siquiera recuerdan de dónde vienen. Cuando antes había entrado en el portal, tuve la sensación de estar creando un punto y aparte. Sentí un dolor casi seco en mi interior que me estaba obligando a rendirme a la evidencia: todo era falso. Mi mundo, mis sueños, mis pasiones… todo era fruto de una imaginación implacable que me hace escribir estas líneas.
Hubo un tiempo en que aunque detrás del cristal cayesen gotas de agua, aunque fuera a mares, la vida tenía otro color, otro sabor más dulce que se antojaba eterno por momentos. No sé si mereció la pena vivir en el engaño. Cuando nuestro cabeza se niega aceptar una realidad que no le agrada, se crea universos paralelos para afrontar situaciones que no nos convienen. Instantes caprichosos que el destino no nos regaló…
Y aún así los seguimos esperando. Hemos centrado tantos pensamientos en ello que nos es irremediable guiar la razón por otro camino que no sea el del amor. Amor quizá podría llamarse, o mejor ilusión de lo que nos hubiera gustado que fuera. Un irreal que tenía un nombre al alcance de una soñadora que creyó ser dueña de una historia que no debía de contar. Si yo fuese otra, estaría escribiendo sobre hechos que sólo han sucedido en mi imaginación. Nunca la historia de una perdedora a ojos vista, ha tenido tanto éxito porque no es más que el cuento de alguien que tuvo la valentía de tener un sueño e intentar hacerlo real. Que no se diga que no intenté crearlo.

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