domingo, 20 de abril de 2008

20 de abril del 90

He soñado con este día, todos los momentos de mi vida. Lo tenía todo pensado. Me levantaría por la mañana y brillaría un sol de estos de primavera que no dan ese calor del verano. Si no un calor bonito, de día feliz. Para desayunar habría croissant relleno de jamón york y queso con zumito de naranja. Me miraría al espejo y me vería a mí misma siendo la mujer que siempre he querido ser: simplemente yo. Saldría a la calle y el mundo giraría en perfecta armonía entre el bien y el mal.
Todo se ajustaría a una perfección subjetiva que existe para mis adentros.
Me encantan las fuentes, los niños gritar mientras juegan, las señoras que van a la compra, los jubilados con sus perros...
Y todo era ideal ese 20 de abril del 90 que nunca me regalaste...

viernes, 18 de abril de 2008

Soria Moria

Y pensándolo bien, sólo me he quedado yo. Sola con infinidad de cosas en mi interior. Con los recuerdos de lo que pudo haber sido y que nunca será, con la convicción de haber hecho siempre lo correcto a pesar de salir perdiendo.
Y a mi alrededor todo se desmorona. Pero yo sigo, sola conmigo, refugiada en la Soria Moria de mis adentros, inventando razones que el mundo no me da para seguir luchando. Lo peor es que no sé por lo que lucho. Porque algún día todo será mejor. Y veré belleza donde antes sólo veía sombras. Y sentiré un mundo más justo sobre mis pies...

domingo, 13 de abril de 2008

Princesas

-Mamá, cuéntame ese cuento.
-¿Qué cuento?
-Aquel que acaba bien...
...y llego un día en que la princesa encontró un príncipe y la valiente princesa de un reino de ensueño, luchó por el amor de un hombre de sangre azul. Perdió batallas, resistió envistes pero luchó con toda su fieraza para conseguir el amor de su hombre. Así son las verdaderas princesas, expertas guerreras, amantes apasionadas, amigas en la pobreza... pero llegó el día que la princesa ganó la guerra y cuando el príncipe ( que en otros cuentos solía matar al dragón para rescatar a la princesa de la mazmorra y llevarla a un mundo ideal) capituló ante los encantos de la princesa, ésta se dió cuenta de que era una perdedora: había perdido su capacidad de amar. Porque tanta lucha agota, porque un prícipe que no sabe distinguir a una princesa de verdad de una sirvienta envuelta en seda, no es príncipe ni es nada que se le parezca.
Así que el príncipe no entendió la actitud de nuestra princesa y con la arrogancia que caracteriza a los príncipes, volvió a las piernas de una de sus bellas criadas que no se resistían a sus encantos, y que era más dócil y sumisa, y la convirtió en su reina y fregó suelos por el resto de sus días.
Por lo tanto la princesa tuvo un final feliz,sola pero feliz, porque recuperó su libertad y lo que es más importante: el amor hacia sí misma.
-Mamá, ¿entonces la princesa por qué quería al principio al príncipe?
- Porque le habían contado un cuento con diferente final.
-¿Y ese termina también bien?
-Duérmete, cielo.

viernes, 11 de abril de 2008

De hoy para hoy mismo

Todo cambia. Todo fluye. Parece un cambio inexistente, algo que bien se podría decir que no está. Pero es cierto, si te fijas, todo ha cambiado en esencia. Lo superfluo, no son más que los ecos de un ayer que estamos enterrando.
Cambiarán, sí, las cosas cambiarán: de hoy en unos años, de hoy para unos meses, semanas, días... de hoy para hoy mismo incluso tambien pueden cambiar de rumbo. A veces el horizonte no es más que una delgada línea que separa lo irreal de lo patente, una línea que saltamos a nuestro antojo para poder encontrarnos a nosotros mismos. Metas, proyectos, futuro... todo cambia, todo fluye, todo se envuelve en diferentes papeles que cambian, eso sí, cuando menos te lo esperas. Y es ahí cuando el cambio te sorprende más aún, cuando no te lo esperabas y cuando ni siquiera tú misma contabas con él.
Y si yo cambio, todo cambia, y si yo mejoro, las cosas irán a mejor.

jueves, 10 de abril de 2008

Éxtasis

No sé por qué, pero en sus brazos, mi cuerpo tomaba dimensiones perfectas. Jugábamos a que nos amábamos.
Deslizaba su mano más abajo de mi cintura y comenzaba a explorar zonas desconocidas para mí. Notaba como él se excitaba: su respiración se iba acelerando, sus palabras se entrocartaban y el deseo de hacerme suya le nublaba la mente
Dejé al descubierto mi pecho. Sus manos, sudorosas, lo recorrían sin dejar de producirme placer. Su lengua experta, comenzó a succionarme una y otra vez. Y nos encontramos desnudos en la oscuridad de la noche. Solamente jugábamos a querernos. Pero todo era mentira. Mi piel comenzó a llenarse de besos y caricias que enardecían mi pasión. Lentamente se dejó caer sobre mi regazo y comenzó a penetrarme. Suavemente al principio,
sin poder evitar lamer cada rincón de mi anatomía. Luego los movimientos fueron más rítmicos, más frenéticos. Jadeaba, se desesperaba por poseerme más allá de mi cuerpo.
Al final, la razón nos abandonó por completo y llegamos a ser uno en esos instantes de delirio.
Y, al final, el juego se había acabado. La partida finalizó. Mañana ya serían otros los niños que se divirtieran.

año 2003

Estación de paso

Escuchó su voz y se giró para mirarlo. Sus ojos, tan azules y tan limpios como aquel mar que años antes compartió su secreto, la estaban buscando. Sus manos, como las de aquella época, guardaban el anhelo de hacerla suya.
Se habían conocido en un lugar profundo de su memoria. El tiempo, castigador de los sueños de los jóvenes, había hecho estragos en su humilde corazón. Ya no tenía el mismo movimiento, rítmico y alegre que lo caracterizaba en aquellos meses de estío, cuando era propiedad del que ahora la llamaba.
Sólo aquel amor podía salvarlos de una existencia vulgar. Sólo aquel amor, podía obrar milagros. Mas podía ser que ya fuera tarde y que ese mismo amor los condenase a amarse para siempre, llevando así una vida de esclavos mutuos.
Las horas pasaron en silencio. Sus miradas hablaban a gritos reprochándose los besos perdidos, las caricias que nunca se habían dado y la pasión que mitigó aquella puritana sociedad en su momento.
Ya nada sería lo mismo. Ellos tampoco eran los mismos. El viento de la soledad hiciera mella en sus sentimientos sin darles una tregua justa. Era tarde para ellos sí, pero sería la última carta que se jugarían con el destino.
Cuando ella se volvió para verlo, no sabía que ese simple gesto era el principio de una ilusión ya olvidada, el fin de una agonía cuya causa era la ausencia del ser amado. Porque cuando nuestra razón se olvida de su cometido y se abandona a los designios del sentir, le llamamos amor y le damos una cara, un nombre; a veces, es simplemente un motivo por el que seguir luchando, vivir y ser mejores para merecer al ser amado.
Qué injusta es la existencia cuando nuestras acciones sólo se encaminan al beneficio propio. Qué injusta la vida sin amor. Esa era el motivo el cual la empujaba a romper con todos los esteriotipo; a seguir el dictado de un corazón viejo que antaño fue joven y creyó comerse el mundo. Porque estando a su lado era fuerte; porque estando a su lado podía creer en un futuro mejor…
Que importaba lo sucedido. Él estaba ahora allí. El tren salía en un par de horas. O subir con él rumbo a un lugar incierto o marchitar las penas enclaustradas de su alma.
La decisión fue tomada. La historia de estas dos personas había comenzado de nuevo. Una nueva fuente de deseos e inquietudes nacía de los vestigios de lo que pudo haber sido, y que ahora será.

Premio Colegio Mayor Santa Clara año 2006

Sed non satiata

Si nos referimos al feminismo y echamos una mirada al pasado, nos viene a la mente la imagen de mujeres decimonónicas por las calles del antiguo Londres o París pidiendo el sufragio universal (feminismo de la igualdad) o el inconfundible turbante de Simone de Beauvoir, las primeras mujeres que compraron las píldora anticonceptiva como algo prohibido y aquellas que empezaron a “vivir” en el mundo de los hombres (feminismo de la diferencia).
En estos tiempos, el panorama actual está ensangrentado por los casos de violencia de género. A esta situación hemos llegado debido a la casi plena incorporación de la mujer a este mundo de hombres pero que la sociedad entera se niega asimilar. Esto en términos sociales se denominó post-feminismo o feminismo del poder, aquel en que las mujeres juegan un papel importante pero se ven relegadas a sombras de sus propios proyectos.
Bajo mi punto de vista, me parece alarmante que haya muchos individuos sueltos que consideren que en el mundo civilizado no sean precisas este tipo de reivindicaciones (en lo referido a “muchos individuos” también están incluidos toreras de renombre y actores de Hollywood)
Claro que no señores, porque en el primer mundo no se lapidan por la imposibilidad de poseer nuestro cuerpo; pero sí nos inflingen vejaciones constantes. Pequeños hechos cotidianos que marcan nuestro destino.
En la actualidad, una mujer no puede alcanzar un cargo político estratégico sin renunciar a una parte de su vida como mujer o como madre.
A veces pienso que todas esas cosas no son más que divagaciones de una loca que no puede hacer nada por evitarlo. Pero yo siento que no tengo las manos atadas y que puedo hacer algo por la sociedad en la que me tocó vivir. Que si equiparamos los niveles de vida de hombres y mujeres, cambiaríamos el arquetipo de familia y las nuevas generaciones construirán mundos mejores.
Este artículo esta dedicado a todos aquellos que tuvieron un sueño y el valor para alcanzarlo.

Artículo publicado en la revista "Lúa" Colegio Divina Pastora (Ourense)

La Odisea de la unav

Yo llegué aquí huyendo de algo. Al igual que Ulises, dejé finiquitadas todas mis batallas en Troya y me dirigí a mi particular Ítaca. Ésta, no era más, que un futuro mejor.
Quizás, el pueblo me quedaba pequeño y el sentimiento aventurero se adueñó de mí de igual manera que lo hizo con nuestro héroe.
A lo mejor, buscaba una recompensa por los sacrificios pasados. Ver que no habían caído en saco roto, que en definitiva, el futuro podía ser mejor.
Cuando no tienes nada, cada día se convierte en una nueva odisea, un nuevo reto que vencer y que nunca acabas de encajar en tu angosto plan de vida, ya que todo es etéreo.
A veces pienso que mi barco puede hundirse en cualquier tormenta y yo no podré hacer nada para evitarlo, a pesar de mi prudencia y de mi buen hacer. Todo se puede desmoronar en segundos. Esa sensación de fragilidad ante el mundo, la de muñecos en manos del destino, es la que carcomió a los griegos de la época y a mis coetáneos.
Realmente no conozco mi rumbo, creo conocerlo, pero lo que en verdad estoy haciendo son peripecias en el gran teatro de la “unav”. Lo peor, es que cuando miró a mi alrededor veo caras parecidas a la que me devuelve mi espejo y me planteo si es una pandemia o nuestras vidas se parecen más de lo que creemos.

¿Merecen la pena los sacrificios? ¿Merece la pena marcarse un rumbo, luchar por una idea cuando sabes por experiencia que todo se puede desmoronar más rápido que un castillo de naipes? Eso era mi eterna duda durante la película, ya que al final, todos terminaremos en lo mismo.
No tengo explicaciones a la mayoría de las cosas que hago, pero no por ello son menos válidas, porque lo que si es cierto, es que nacen de mí, y están ahí porque yo las siento, porque son reales. Ya que en el fondo, guardo en mí, mi particular Ítaca.
Pienso que el cambio debe empezar por mi persona, por mi actuar, que nada puede ser mejor si no hay alguien que empiece, que de el primer paso y se atreva a ser diferente.
Me resulta curioso escuchar a mis compañeros decir “es que la gente es mala… es que la sociedad nos corrompe…” ¿Quién es esa gente, esa sociedad sino nosotros mismos?
Creo que es como si estuviésemos todos en clase con la luz apagada y dijéramos: “es que todos son negros” y no nos estuviésemos viendo. Hasta que se enciende la luz y nos damos cuenta de que todos somos blancos (con alguna excepción) y hemos estado desconfiando de los demás sin motivo.
En más de una ocasión, me han dado ganas de apretar el interruptor; pero se me hace difícil encontrarlo, y laborioso, accionarlo.

Y ahí va mi particular visión de los deseos, las pasiones,… a veces acaban convirtiendo el mundo en una feria de las vanidades, en una frivolidad constante. Algo tan hermoso, tan humano como es la belleza, el disfrutar… se acaban convirtiendo en cadenas, en lazos que en vez de unirnos nos oprimen y nos hacen menos dueños de nosotros mismos. En definitiva, nos dejamos ganar la batalla, porque ir a contracorriente nos resulta difícil. Esto no es para nada una apología a la represión ni un canto a la frustración, ya que no hay nada más humano que el sentir, que el placer de amar y ser amado, esa forma tan humana de acercarnos a la divinidad.
¿Debe guiarse nuestra vida por el camino de la rectitud? Sí. ¿Debemos de vivir llenos de normas? No. Ambas respuestas no son excluyentes, pero compaginarlas se me antoja a veces un trabajo de funambulitas, no apto para cardíacos, no exento de complicaciones y de lidies.
A diferencia de Ulises, mi Ítaca va siempre conmigo, pero por momentos, entre ella y yo se asoma un océano de vicisitudes, un abismo que sólo el paso de tiempo salvará. Aguardo que mi pequeña odisea sirva para algo en un marco global, que la inmensidad del mundo no engulla mi barco ni me deje llegar a mi casa para reunirme con Penélope. Ella seguirá esperándome, ya que el viento que impulsa mi barco no es otra cosa mi amor por ella.

Sombras de un día de lluvia

Al otro lado del cristal cae la lluvia sin enterarse de nada. Caen gotas en el suelo que ni siquiera recuerdan de dónde vienen. Cuando antes había entrado en el portal, tuve la sensación de estar creando un punto y aparte. Sentí un dolor casi seco en mi interior que me estaba obligando a rendirme a la evidencia: todo era falso. Mi mundo, mis sueños, mis pasiones… todo era fruto de una imaginación implacable que me hace escribir estas líneas.
Hubo un tiempo en que aunque detrás del cristal cayesen gotas de agua, aunque fuera a mares, la vida tenía otro color, otro sabor más dulce que se antojaba eterno por momentos. No sé si mereció la pena vivir en el engaño. Cuando nuestro cabeza se niega aceptar una realidad que no le agrada, se crea universos paralelos para afrontar situaciones que no nos convienen. Instantes caprichosos que el destino no nos regaló…
Y aún así los seguimos esperando. Hemos centrado tantos pensamientos en ello que nos es irremediable guiar la razón por otro camino que no sea el del amor. Amor quizá podría llamarse, o mejor ilusión de lo que nos hubiera gustado que fuera. Un irreal que tenía un nombre al alcance de una soñadora que creyó ser dueña de una historia que no debía de contar. Si yo fuese otra, estaría escribiendo sobre hechos que sólo han sucedido en mi imaginación. Nunca la historia de una perdedora a ojos vista, ha tenido tanto éxito porque no es más que el cuento de alguien que tuvo la valentía de tener un sueño e intentar hacerlo real. Que no se diga que no intenté crearlo.